La mediocridad para algunos es normal, dicen los Sui Generis, pero lo que asusta más es que para muchos es el objetivo principal. Ayer en un tweet del señor Alejandro Jodorowsky leí: «Si quieres saber adónde vas, descubre de qué huyes», e inmediatamente después me puse a pensar y descubrí que después de todo sí hay algo de lo que huyo. Ese algo es la mediocridad. Huyo de caer en la rutina de vivir una vida mediocre, lo cual seguro que para algunos es una locura, es como ver más allá. Y pensar que hasta hace poco aseguraba convencidísima que yo no huía de nada, nada más errado mirá vos. Ahora me doy cuenta y orgullosa reconozco que yo huyo de la mediocridad que me rodea y que quiere atraparme para convertirme en una más del montón, una pieza superflua más en esta hechizada sociedad que dormida permanece y se rehúsa a despertar. Es que entre tantos ciegos y tuertos hay cosas que se nos suelen perder, la verdad es que no puede haber superfluidad, porque como dice Conny Mendez: «Todos venimos con un lugar y un algo que nos hace únicos como nuestras huellas digitales». Ella dice que no existen dos personas que se expresen igual y que por eso tampoco puede haber lucha o rivalidad, hay un sitio para cada uno. Conny agrega que cuando te sientas frustrado es un buen indicio de que no estás en tu lugar y que eso hace que estés ocupado en cosas que no son de tu agrado o satisfacción y que por ello debés estar haciéndolas mal o menos bien de lo que podrías hacerlas. Estás obligado y dice que: «obligarse es distorsionar el alma».Parece cuento, ya lo sé, y aunque no sé si estará bien contado, sé que muchos creerán que mi alma anda mal. Lo cierto es que yo no quiero distorsionar mi alma, por esoaprendí a disimular mi estupidez y disimuladamente huyo de la mediocridad y busco mi lugar donde desarrollar eso que traigo conmigo y que nadie como yo puede hacerlo.

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